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Pocos lugares en el mundo han presenciado una historia tan dramática entre el hombre y la tierra como la península de Yucatán. Durante siglos, esta tierra vasta y llana situada entre el golfo de México y el mar Caribe fue el corazón del antiguo imperio maya; una sociedad que pasó de una bonanza exuberante a un colapso total en apenas unos siglos, dejando tras de si muchos restos de su esplendor que siguen en pie hoy en día.
Yucatán conserva un extraordinario carácter maya en cada rincón, lo cual no es de extrañar si tomamos en cuenta que muchos de sus habitantes son orgullosos descendientes del pueblo maya, cuyos dialectos y lenguas son frecuentemente hablados todavía. Sin embargo, la influencia del colonialismo fue muy marcada y, hoy en día, la península manifiesta una exquisita mezcla de color y elegancia coloniales –numerosas haciendas e iglesias siguen en uso—con la presencia mágica de los mayas que se refleja en muchos de sus habitantes y en sus magníficos bosques. |

Chichén-Itzá, El regreso de Kukulcán— El castillo localizado en el centro del magnifico complejo de edificios parece retar a los visitantes a subir los 91 peldaños de cualquiera de sus cuatro escaleras. Sumados, son 364 kines o días del año, y suman 365 con el templo que corona la cima, desde donde se pueden observar las aves que todavía sobrevuelan la extensa selva tropical que rodea lo que alguna vez fuera la animosa ciudad de Chichén Itzá. Los mayas, extraordinarios matemáticos, arquitectos y astrónomos construyeron esta ciudad –que hoy se encuentra entre las nuevas siete maravillas del mundo- como el ejemplo más perdurable de la etapa post-clásica. El juego de pelota—el más grande de Mesoamérica—atestigua la efervescencia y esplendor de esta antigua civilización, mientras el imponente observatorio en forma de caracol nos hace imaginar a los sabios y sacerdotes descifrando la bóveda celeste en busca de Kukulcán, la serpiente emplumada, que desde entonces –durante los equinoccios de primavera y otoño—regresa puntualmente a la tierra en un impresionante juego de luz y sombra que tiene lugar en el castillo.
Uxmal, La ciudad “tres veces construida” —Es considerada la ciudad maya más bella de Mesoamérica, y uno de los exponentes más impresionantes de la arquitectura puuc –que significa “lomeríos”– característica de la zona en la que se asentó Uxmal. El edificio de 120 metros que rodea al “Patio de las Monjas”– bautizado así por los españoles que visitaron la enigmática ciudad por primera vez–, el Palacio del Gobernador, la “Plaza de los Pájaros” y la “Casa de las Tortugas” se cuentan entre los más de 15 edificios que quitan el aliento con sus finos ornamentos geométricos compuestos de piedras perfectamente pulidas y ajustadas. Monos, aves, jaguares, caracoles, tortugas, hombres y serpientes son pétreos testigos de la rica biodiversidad que sustentó a esta ciudad “tres veces construida”. Cuenta la leyenda, que la pirámide principal de Uxmal fue erigida en una sola noche por un enano, hijo de una hechicera que le apostó al gobernante de esa época el dominio de la ciudad. Desde entonces, la redondeada “pirámide del adivino” da la bienvenida a la que fue la más esplendorosa ciudad maya de la zona en el periodo clásico.
Tulúm, Puerto de arena blanca— Protegida por el arrecife invisible que descansa bajo el azul turquesa del Caribe, y por sus murallas erguidas en la porción más alta de la costa oriental, la ciudad independiente de Tulum fue el punto ineludible del comercio marítimo maya, estimulado por la inmensa variedad de vida que alberga el Arrecife Mesoamericano. Las pequeñas embarcaciones que pretendían tocar costa debían hacerlo al amanecer, cuando los rayos del sol naciente indicaban el punto para sortear el arrecife. Sus dos magníficas torres, que por siglos funcionaron como puntos de observación hoy regalan la vista que se extiende interminable sobre el mar, y que invita a descansar abajo, en la playa de arena blanca.
El pueblo de Tulum está a pocos kilómetros de la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, y a 47 kilómetros de Cobá, una de las más grandes y poderosas ciudades de los mayas, acérrima rival de Chichen Itzá. También se puede visitar el cercano cenote Dos Ojos.
Kabah y Labná, En el lomerío maya—Al sur de Uxmal se encuentran dos de las más antiguas ciudades clásicas que vale la pena conocer: Kabah y Labná. La primera, a pocos kilómetros de Uxmal, nos sorpende con un hermoso estilo puuc, del que vale admirar el Templo de los Mascarones, cuya impresionante fachada está sobrecargada con la imagen del Dios Chaac. Y más al sur, en un punto del camino ceremonial o sacbé que une a los edificios de la antiquísima ciudad de Labná, o “Casas Viejas” se encuentra el legendario “Arco de Labná”, una de las construcciones más elegantes del estilo puuc que ha llamado la atención de sus visitantes por siglos. Ambas ciudades cuentan con sofisticados chultunes, sistemas de almacenamiento subterráneo de agua de lluvia que permitieron el florecimiento de la civilización maya en una zona carente de ríos y cenotes.
Ek Balam, Un misterio por descubrir — Accesible por cinco hermosos sacbé –blancos caminos sagrados– se encuentra la ciudad doblemente amurallada de Ek Balam. Un camino apunta al oeste, donde se pone el sol; otro al norte, en dirección a Chichen Itzá, uno más al este mirando a Cobá, y dos hacia el sur. Perfectamente resguardada, la capital del imperio de Tah comienza a emerger de su escondite centenario entre los árboles. Este majestuoso complejo de 45 estructuras sobresale por su estilo único en el que no se aprecia tanto el culto a Kukulcán, como a sus gobernantes, que fueron ricamente inmortalizados en mascarones, esculturas y frisos. También abundan las alusiones al jaguar, y se han encontrado imágenes de conchas, caracoles, camarones y peces. La enorme “Acrópolis” de Ek Balam (jaguar negro en maya) se compone de varias construcciones sobrepuestas, y un laberinto de cuartos en varios niveles que se comunican por pasadizos secretos. Esta construcción maya que recuerda a un castillo medieval quita el aliento con su exquisita decoración llena de esculturas únicas – como las llamadas serpientes jeroglíficas, y figuras con alas que asemejan ángeles- y que la convierten en una verdadera maravilla artística.
Dzibilchaltún, La ventana del sol—Dzibilchaltun en maya significa “el lugar donde hay escritura en las piedras”, en las cuales se refleja la historia de una de las ciudades más antiguas de los mayas, ocupada desde 500 A.C. hasta la llegada de los españoles, cuando todavía estaba habitada. Varios sacbé interconectan la ciudad con la periferia, y uno de ellos guía directamente al cenote sagrado Xlakáh, del que se han rescatado antiquísimos vestigios de huesos y piedra. Desde hace siglos, durante cada equinoccio el sol resplandece a través del hermoso “Templo de las muñecas”, entrando por la puerta principal y saliendo por las ventanas de atrás en una alineación perfecta.
Mayapán, El abrazo de la serpiente—Cercada por una pared de piedra inspirada en la serpiente emplumada Kukulcán, la última gran capital maya se erige discreta: aunque se han encontrado cerca de cuatro mil construcciones, ninguna tiene grandes dimensiones. Pequeños santuarios y observatorios redondos atestiguan nuevamente la devoción de los mayas por la naturaleza y el cosmos. En el centro de la ciudad, una pequeña réplica del Castillo de Chichén Itzá ofrece el mismo espectáculo de luz y sombra –aunque solamente en el equinoccio de invierno—mediante el cual se refleja la imagen de la serpiente emplumada bajando por el lado nororiental de la pirámide.
Calakmul, El Imperio de la Serpiente—Según los estudios más recientes, Calakmul (que en maya significa dos montículos adyacentes) fue la ciudad maya más grande y poblada del periodo clásico. Asentada en un territorio de 30 kilómetros cuadrados, este majestuoso centro de poder está ubicado a las orillas de un akalché – aguada de grandes dimensiones— del que nace uno de los sistemas de abastecimiento de agua más sofisticados del mundo maya: aguadas comunicadas por represas y canales que permitieron abastecer de agua a una ciudad de más de 50,000 habitantes, y regar los cultivos que les proporcionaron alimento. El gran número de estelas labradas encontradas en esta zona relata la historia de la dinastía que dio vida al “Imperio de la Serpiente”, acérrimo rival de Tikal, con quien estuvo en guerra constante por el control de la zona del Petén, hasta que finalmente declinó para desvanecerse por 600 años, resguardada por monos, águilas, serpientes y jaguares en la densa selva de Campeche.
Río Bec, Pequeñas ciudades por descubrir — No muy lejos de Calakmul, se encuentra la zona arqueológica conocida como Rio Bec, que alberga pequeñas ciudades como Becan, capital de esta región, distinguida por su peculiar foso, que evidencia por un lado el elitismo que la caraterizó (el foso separa los edificios exclusivos de la nobleza del resto del pueblo) y por otro la gran actividad bélica de la zona. Otras ciudades interesantes son Chicaná -que debe su nombre (que significa “boca de la serpiente”) al impresionante mascarón de Itzamná, el dios creador localizado en uno de sus edificios más importantes—y Balamkú, que tiene un friso de estuco policromado único en el área maya.
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